Cristina Mix
Voy a escribir, no sé cual será el límite, voy a escribir. De voces que emergen, vivencias directas, detrás de cada rostro una historia, mi tiempo en la distancia, memoria de la tierra, sonidos de la infancia cuando por las noches rodeando el brasero, desgranando maíz a la luz de una lámpara a kerosene escuchaba historias con sombras de pájaros en las paredes.
lunes 19 de diciembre de 2011
sábado 26 de noviembre de 2011
VIAJE POR
UNA MISIÓN: “
MALVINAS POR SIEMPRE”
Compartir un viaje a través de la escritura y lograr en plenitud la importancia del mismo, es difícil. Cuesta definir esa parte de nuestra historia tan cercana y dolorosa, es una franja de misterio que nunca quedó aclarado del todo, aún existen silencios.
Los días pasaron pero no puedo dejar de recordar el viaje de trabajo, al que yo califico de aprendizaje, fui al sur de la provincia de Buenos Aires, voy a contar lo que realmente me motivó emprender ese viaje, conocer, aprender.
Exclusivamente enaltecer la próxima conmemoración de los treinta años de la recuperación de las Islas Malvinas. El 2 de Abril de 1982 de la ciudad de Laguna Paiva partieron 34 jóvenes , contando a la fecha tristes pérdidas entre ellos, veteranos de guerra, movilizados y militares por decisión propia, considero que es un número importante para la localidad, cuál importante deberá ser el homenaje a nuestros héroes , sin olvidar la familia de cada uno de ellos.
Quiero destacar mi visita a la ciudad de Mar del Plata con el orgullo y honor de conocer y estar junto a héroes nacionales, hombres con historia de mi país, Argentina. Estuve con integrantes de la Agrupación Suboficiales Submarinistas Argentinos (A.S.S.A.) en la solapa de mi camisa blanca lucí con destellos de
orgullo la medalla obsequiada, emblema de submarinistas. Subimos y bajamos en el ascensor del edificio recorriéndolo, reliquias de otrora, placas recordatorias, alusión de otros tiempos de legítimo orgullo, retratos de submarinistas en eterna patrulla por las Islas Malvinas nos acompañaron con sus miradas, cada uno de esos hombres comentaban, volvían a comentar, repitiendo la historia, no fue otra cosa que lo que fui a buscar, investigar para informar, seguir descubriendo lo que ya se sabe en la memoria de la Patria.
Ser parte de la organización “Homenaje a nuestros héroes” me permitió solicitar material para brindar a la comunidad educativa y público general, recibí películas, documentos, libros, también ediciones de la revista “Periscopio” y me encontré apretando manos, conociendo uno a uno con sus historias y submarinos, hombres de distintos lugares del país sobrellevando luchas, unidos de pronto a la alegría de encontrar a alguien en ese lugar con quien compartir el amor a un pueblo “NARÉ” Adolfo Roberto Schultz fue radiotelegrafista del submarino A.R.A. Santa Fe, en su niñez vivió en Naré ,el lugar donde nací, además algún submarinista preguntó por algunos veteranos paivenses conocidos en la guerra de Malvinas.
Rodeada de hombres de valor y abnegación me sentí yo y por momentos extraña, otra. Militares por elección, con una misión: “Prepararse para la guerra para vivir en paz.”.
Invitada por Veteranos de Guerra de Malvinas, llegué a Punta Alta, visité la Base Naval Puerto
Belgrano- Dotación Perros de Guerra- Museos- Monumentos y otros.
A través de las
Agrupación Perros de Guerra dentro
de la B.N.P.B. tiene para mí un nombre: Raúl Alberto Altamirano, nuestro veterano de guerra, un amigo que partió demasiado a prisa de la vida y dejó en mí una deuda de honor, cada vez que nos encontrábamos o viajaba en su remisse, el tema era Malvinas. Raúl fue conscripto en 1982 “Sección Perros Adiestrados” donde el 2 de Abril lo sorprendió la guerra. El 8 de Abril partieron 20 marineros con 18 perros, el negro, (así lo llamamos, aún) cumplía la función de ayudante de veterinario, eso no le quitó estar en las trincheras hundidos junto a los perros viviendo el fragor de la guerra.
Las historias que el negro me contó son muchas, yo, me limito hoy al porqué de tomar una decisión de presentar un proyecto en la Municipalidad de Lag. Paiva rescatando una historia nuestra, lo comenté frente al Comandante en Jefe Julio Herrera, luego frente al Teniente Villalba, me escucharon con respeto y permitieron tomaran fotografías en un recorrido increíble, donde el nombre de Raúl está en un sitio destacado recordando su paso por Malvinas. Tuve el honor de conversar con quien fuera uno de sus compañeros, actualmente doctor Veterinario de la Dotación, Horacio Balestrini. Me emocioné hasta las lágrimas y sentí la presencia de Raúl Alberto Altamirano en mi mente y acompañándome.
Me sentí cenicienta sin perder el zapato, cuando frente a mi realizaron una demostración de perros Adiestrados, tanto movimiento, sentí que dos ojos no alcanzaban para verlo todo. Mi cabeza registraba tanta información que parecía una computadora tildada, por ello agradezco a todas las personas que me enviaron CD- información por correo electrónico- facebook- y otros… y cumplieron . GRACIAS
Agradezco a todos los que encontré en mi camino donde Malvinas nos unió y el apoyo de muchos me han puesto aquí, para seguir adelante.-
Cristina Mix
Noviembre 2011
viernes 2 de septiembre de 2011
Una Despedida del Ayer
A mi hijo César Gabriel
La primavera llegó y no estás a mi lado, te fuiste aquel día, cruzaste la calle, agitaste la mano y comencé a llorar.
Apoyada en la pared, observo en tu cama el pelaje amarillo de la gata mientras duerme, siento el silencio…cierro los ojos y las imágenes de aquel día cobran vida en mi, las palabras, tus palabras resuenan en mis oídos…”Mi titulo dice Perito Técnico Bancario e Impositivo..Y los bancos cierran, Vieja ¡Tengo que irme! Como el último tren que pasó por las vías de Laguna Paiva, no puedo quedarme mirando como los yuyos tapan los edificios del ferrocarril.”
Sentí un profundo dolor, mientras vaciaba tus cajones, vi tus manos más grandes que las mías, supe que ya no podía hacer nada, que tenías razón, quiero que seas feliz, no importa donde, sólo que seas feliz e independiente, no atado a los recuerdos de un silbato de tren como yo. Despegué el Cristo que pegaste en la heladera, aquel que compraste a ese chico de las calles de Santa Fe, lo coloqué en el fondo del bolso, me miraste en silencio, esbocé una sonrisa, no viste que tragué mil lágrimas.
Comenzaste a guardar tus cosas en el bolso, exclamando ante cada una,.un recuerdo, un regalo, una deuda.-Cuando los japoneses giren el sueldo, págales a todos…-
-Quedate tranquilo, no voy a olvidar nada- te dije- cuidate con tantas cosas raras y enfermedades, no le des confianza a nadie.-
-Ufa, mami. ¡Ya soy grande!
La gata se estiro, la acariciaste…-Te dejo la cama para vos sola, Sisi…-la perra se acercó, gimió, te rozó con su hocico, celosa o…intuyendo tu partida.
Cerraste el bolso, diste media vuelta, te miré de reojo para que no notaras que vi. Como tu mirada recorría la casa.
-Cuidalo a papi,-dijiste- él todavía no se dio cuenta que está viejo.-
Te abracé, me diste un beso. Cruzaste la calle, agité la mano, grité-¡Te quiero!-
Las mil lágrimas que tragué, comenzaron a caer.-
Cristina Mix
Publicado en suplemento “La Región” del diario El Litoral –Santa fe- Argentina
Abril 1998
Publicado en Antología Primer Encuentro Regional de Escritores
SADE: Sociedad Argentina de Escritores- Secciónal Santo Tomé- Santa Fe Junio 2005
A mi hijo César Gabriel
La primavera llegó y no estás a mi lado, te fuiste aquel día, cruzaste la calle, agitaste la mano y comencé a llorar.
Apoyada en la pared, observo en tu cama el pelaje amarillo de la gata mientras duerme, siento el silencio…cierro los ojos y las imágenes de aquel día cobran vida en mi, las palabras, tus palabras resuenan en mis oídos…”Mi titulo dice Perito Técnico Bancario e Impositivo..Y los bancos cierran, Vieja ¡Tengo que irme! Como el último tren que pasó por las vías de Laguna Paiva, no puedo quedarme mirando como los yuyos tapan los edificios del ferrocarril.”
Sentí un profundo dolor, mientras vaciaba tus cajones, vi tus manos más grandes que las mías, supe que ya no podía hacer nada, que tenías razón, quiero que seas feliz, no importa donde, sólo que seas feliz e independiente, no atado a los recuerdos de un silbato de tren como yo. Despegué el Cristo que pegaste en la heladera, aquel que compraste a ese chico de las calles de Santa Fe, lo coloqué en el fondo del bolso, me miraste en silencio, esbocé una sonrisa, no viste que tragué mil lágrimas.
Comenzaste a guardar tus cosas en el bolso, exclamando ante cada una,.un recuerdo, un regalo, una deuda.-Cuando los japoneses giren el sueldo, págales a todos…-
-Quedate tranquilo, no voy a olvidar nada- te dije- cuidate con tantas cosas raras y enfermedades, no le des confianza a nadie.-
-Ufa, mami. ¡Ya soy grande!
La gata se estiro, la acariciaste…-Te dejo la cama para vos sola, Sisi…-la perra se acercó, gimió, te rozó con su hocico, celosa o…intuyendo tu partida.
Cerraste el bolso, diste media vuelta, te miré de reojo para que no notaras que vi. Como tu mirada recorría la casa.
-Cuidalo a papi,-dijiste- él todavía no se dio cuenta que está viejo.-
Te abracé, me diste un beso. Cruzaste la calle, agité la mano, grité-¡Te quiero!-
Las mil lágrimas que tragué, comenzaron a caer.-
Cristina Mix
Publicado en suplemento “La Región” del diario El Litoral –Santa fe- Argentina
Abril 1998
Publicado en Antología Primer Encuentro Regional de Escritores
SADE: Sociedad Argentina de Escritores- Secciónal Santo Tomé- Santa Fe Junio 2005
martes 19 de julio de 2011
Tecla a tecla con mi máquina de escribir

Camilo Olivetti en 1908 fundó su fabrica de máquinas de escribir en Turín -Italia.
La soñé desde mi adolescencia, con el primer dinero que gané escribiendo la compré, cuando todos se inclinaban hacía la computadora, yo, acaricié mi máquina de escribir.
Rafaela Ricarda Olivetti, en mi intimidad así la llamé, se lo digo aún mientras permanece en el estuche, cada tanto la descubro, la limpio, la contemplo en su extraño color , que no es ni rojo, ni marrón y produce un encanto singular.

En cada letra una parte de mi vida quedó latente al apretar cada tecla de mi máquina de escribir, la siento quieta en su estuche negro y verde concibiendo el silencio, reposando en su melancólico destino de mi abandono en el tiempo. Fue esfuerzo, anhelo y musa, forjó versos en mi vida. En ella comenzé a escribir las historias de vidas que la gente me contó. En cada gesto brusco, notas de rebeldías, el artículo periodistico enmudeció en la palabra de la hoja anhelante que se ofreció en un desliz con emoción lenta dibujando las letras que fueron llenando las hojas dando vida al cuento, cada roce de mis dedos anunciaron un poema con golpes en las teclas , como golpes del alma, una parte de vida transcurrió con el sonido musical del timbre al término de cada renglón.
Espacio y velocidad, tecla a tecla, fueron formando palabras con recuerdos de rápidez, un rayo de sol, una lágrima, donde se expandió la mancha de mis dedos sucios de tinta y el uso del corrector. Fui arrugando papeles para seguir intentando en las cálidas siestas con el sol a mi espalda, a travéz del ventanal entre rimas y diccionarios que esclarecían las dudas alineando las palabras en conjunto matemáticos con el carro ida y vuelta prometiendo poesías en la intimidad de letras, la atrevida pasión resbaló de mis manos en la máquina de escribir de alguna carta importante dictada con astucia y porvenir, que no fue más que esperanza, realidad e imaginación, sintiendomé artesana con mis dedos enredados en cada cambio de cinta que estancó el dolor en la frase inacabada sin que perdiera la esencia de lo que fue, desmenuzada en infinitos y mudos mundos abiertos en sus teclas, en el arte de escribir a máquina.
Está allí, en el estante, siempre esperando por mí, reconosco el valor que significó en mi vida.
La cultura sigue, la tecnología avanza e impuso la computadora y me animé a usar ratón, tuve varios maestros, aunque aún se me complica, me atreví en tecnología, hice amigos a montones, descubrí muchos parientes, navegando me voy lejos, pero a mi máquina de escribir la tengo en el corazón.-

Cristina Mix
lunes 6 de junio de 2011
SUMANDO ALMANAQUES

Reflejos de almanaques que van marcando los latidos del corazón.
La vida no es más que un camino a transitar, un viaje para algunos corto, para otros un largo camino y al final agobiados el balance deprime, la imágen decae, sólo hace falta el paso del tiempo gastando almanaques.
Yo, curtida de dolores y miserias viví el amor, el desengaño y la pérdida de la fé y los miedos me hicieron sentir muerta en vida. Contar la vida no es desear revivirla, temo al deterioro de la vejez, quiero borrar mi rabia, las culpas y las burlas de los otros, la hipocrecía que me rodea, aceptar mis fallas y no volver a fallarme, (se puede engañar a otro pero no a uno mismo). Soy humana con debilidades que no puedo apartar, conosco fracasos y esperanzas, he sido feliz y desdichada, dejé jirones de mi alma en ilusiones, guardo nombres, lágrimas y rebeldías que no me atrevo a gritar y tambien cobardías.
Sé que soy especial, cargada de nostalgias, no es ajena a mí la soledad, marcho sin rumbo con sueños y recuerdos, con un pie siempre fuera de la realidad, convertida a los ojos de otros en RARA, cómoda situación llamar raro o loca a todo lo que no se comprende o al que no hace lo mismo que los demás. Hay que ser fuerte para sobrevivir , hacer lo correcto a la conveniencia de otros, no es vivir, he trabajado siempre con la dignidad dentro de mi, jamás he obligado a nadie a aceptar mis ideas, a veces hay que ser fuertes para alejarse, otras, hay que ser fuerte para quedarse sin que la razón se vea, existen formas diferentes de vivir y cada una merece respeto.
Me hacen falta las palabras y escribir de lo imposible, lo posible está en todos los días, más allá está lo imposible, crear un poema, un cuento, esperar, compartir esperanzas y hacer tiempo mientras se construyen mitos que van creciendo en la espera fundando el mañana, tambien el adiós, el último momento que golpea el alma, está bien así de lo contrario estaría vacía.
El tiempo empuja no sé puede volver atrás, el proceso de aprendizaje dura toda la vida, la mochila pesa ajustada a la espalda, cargada de errores, una promesa que no fue. secretos inconfesables, (todos guardamos secretos) hilachas de amor, SUEÑOS: vivir en un mundo donde la mentira no exista, en un mundo donde los seres amados no mueran.
Mi espíritu vibra, se agita, tiembla mi mano rozando la tierra, dibujo mil imágenes pintando acuarelas con mis versos y mi corazón sin tiempo, porque a pesar de los números sumando almanaques la vida aún me sorprende.-
viernes 22 de abril de 2011
RECORDANDO A MIGUELITO
La primer vez que escuché su nombre fue por una emisora de radio, la conductora del programa leyó una poesía dando a conocer el nombre del autor: Miguel Ángel Montenegro, además invitó a los oyentes a participar, asistiendo, llamando o escribiendo, debido a la distancia que nos separa, ya que se trata de una radio de la provincia de Entre Ríos, que se encuentra dividida de Santa Fe por el río Paraná, comencé a participar del programa escribiendo, luego de un tiempo se presentó la ocasión de asistir a una fiesta en la misma ciudad, Paraná, a la que se llega a través del río, surcando las majestuosas aguas marrones por balsa , siendo un paseo magnífico o bien, de manera más rápida por el túnel subfluvial, construido sobre el lecho del río. , con mi esposo viajamos por el túnel y aprovechando la oportunidad de estar en esa ciudad, fuimos a la emisora de radio, pudiendo participar de los últimos minutos del programa e invité a Amalia Granero, conductora del mismo a participar con nosotros de la fiesta, ya que allí se encontraban oyentes que ansiaban conocerla, aceptó, de esa manera tuve la oportunidad de tratarla en una larga conversación donde le comenté el agrado que me producía escuchar los poemas de Miguel Ángel, sin más, escribió en su cuaderno, retiró la hoja del mismo y me la entregó diciendo :”Escríbele le va a encantar”.
Le escribí y le encantó.
A los pocos días recibí un gran sobre marrón conteniendo a modo de carta diez páginas escritas, algunos poemas de su autoría y fotocopia de su documento, de ahí en más se produjo un ir y venir de correspondencia, llegaban más de las que iban, con mis actividades no hacía tiempo de contestar sus largas cartas, cuando ya estaba recibiendo otra, casi todas comenzaban así:” Acabo de despachar una carta para vos y ya estoy escribiendo nuevamente….”
Nos contábamos vida, secretos, sueños cumplidos y los otros, tristezas y alegrías, él sólo había cursado unos pocos años de escuela primaria, decía que era “ex” de todo, que sus oficios fueron múltiples, tenía una filosofía de vida, de tanto andar caminos, fue un ejemplo para mí, ayudándome a comprender el complejo mundo en que vivimos, recuerdo cuando uno de mis hijos partió desde éstas cálidas tierras, donde nada sabemos de mares y tempestades, hacia las heladas aguas del sur, embarcándose en un buque pesquero, le escribí a M. Ángel llena de dolor, entre otras cosas me respondió..”Tu hijo salió a cachetear a la vida, antes que la vida lo abofeteé a él”.
Palabras que quedaron atrapadas en mi memoria, fortaleciéndome por siempre, otra vez le conté de mis nietos, me contestó con un poema: “Quisiera tener un nieto”. Yo, lo llamaba Miguelito, le gustaba, decía que sabía a dulce, él, me llamaba princesa.
Un día, sonó el teléfono, era él, me dijo…”Ché, nena, mira la hora, dentro de media hora me avisas y corto”.Le contesté que no gastara tanto, a lo que replicó, “¿Gastar?... no te imaginas el placer que es para mi escuchar tu voz”.
Desde ese día, todos los domingos al mediodía llamaba puntualmente, yo levantaba el tubo exclamando ¡”Hola, miguelito”!, él respondía con su voz suave, casi ronca., “Hola Princesa”.
Entre una y otra palabra mezclaba el humor, yo reía, decía que mi risa estallaba como un cristal, escribió poemas para mí, diciendo que no era poeta, solo pintaba acuarelas con sus palabras, cierta vez, llegó a discutir con la vecina porqué barría las hojas del otoño, defendiendo mi teoría de dejarlas que el viento las lleve, hablamos de conocernos físicamente, ya que en alma y espíritu nos entendíamos, él no podía viajar por sus motivos, tampoco yo por los míos,, cierta vez me dijo..”¿Princesa, porqué no fuiste mi hija?...” con un nudo en la garganta respondí…”Pero, nos encontramos miguelito y es maravilloso”.
Así continúo nuestra amistad entre versos, cartas y conversaciones telefónicas, mensajes y poesías a través de la radio.
Un día, sonó el teléfono, era Amalia diciendo:”M. Ángel ya no puede leer ni escribir”.
Dibujé mi mano sobre papel vegetal, dentro de la palma repujando escribí.”Esta es mi mano, amigo”, la coloqué en un sobre y la despaché, pensé en que alguien le leería, seguí escribiendo, a veces pocas palabras, no importaba la cantidad, sólo que él supiera que estaba en mi corazón. Una noche, escuchando radio, me sorprendió Amalia, leía mis cartas dedicadas a Miguel Ángel, él, se lo había pedido, ella lo visitaba, católica, integrante de la pastoral de los enfermos, humana, llena de ternura, recuerdo una pregunta que Miguelito repetía en sus cartas. “¿De donde sacaran tanta ternura, las mujeres?”
Amalia volvió a llamar…”Miguel Ángel se muere, quiere conocerte, pide que te describa para imaginarte, te nombra a cada instante.”
Pasaron dos meses sin poder viajar, desesperaba pensado que partiría hacia el sueño eterno sin recibir mi visita. Al fin pude llegar hasta el geriátrico donde se encontraba, , me esperaban, el director nos acompañó hasta el patio, señaló la habitación, sentí que una garra helada estrujaba mi alma, parecía un galpón de trastos viejos, respiré profundo, sacudí la angustia que me embargo en ese momento y entré exclamando:¡Hola, Miguelito!, estaba en un sillón de ruedas, nos abrazamos un largo rato, le entregué un almohadón verde que había confeccionado para él, en el que pinté un tintero, una pluma y un pergamino con su nombre, se abrazó a él y lloró, mientras yo acariciaba sus hombros sacudidos por el llanto, cuando se calmó me pidió que lo acostara, exponiendo que se llevaba mejor con el dolor en la cama, con la ayuda de mi esposo, lo acostamos, coloqué el almohadón bajo su cabeza, Oscar se sentó en la silla junto a la mesita, él, le pidió abriese el cajón y retirará un obsequio para mí, era una tosca con forma de pensador, él, la llamó responso, la había levantado de la orilla de su amado río, cuando aún caminaba, la acepté como un tesoro que aún conservo. Me senté sobre el borde de la cama, tomé su mano izquierda entre las mías, tan blanca y suave de dedos largos y finos, me impresionaron al igual que el azul profundo de sus ojos, donde temí ahogarme, charlamos de temas variados entre gemidos de dolor recitando poesías, hasta que llegó la noche. Me despedí con un beso, él, susurró a mi oído.”Después de conocerte morir ya no importa”.
Catorce días después falleció. La misma emisora de radio que me permitió conocerlo, anunció su muerte. Fue un domingo al mediodía.-
Cristina Mix
Publicado en el año 2002 en la revista “Feria y fiesta” de Villanueva –Córdoba- España
Le escribí y le encantó.
A los pocos días recibí un gran sobre marrón conteniendo a modo de carta diez páginas escritas, algunos poemas de su autoría y fotocopia de su documento, de ahí en más se produjo un ir y venir de correspondencia, llegaban más de las que iban, con mis actividades no hacía tiempo de contestar sus largas cartas, cuando ya estaba recibiendo otra, casi todas comenzaban así:” Acabo de despachar una carta para vos y ya estoy escribiendo nuevamente….”
Nos contábamos vida, secretos, sueños cumplidos y los otros, tristezas y alegrías, él sólo había cursado unos pocos años de escuela primaria, decía que era “ex” de todo, que sus oficios fueron múltiples, tenía una filosofía de vida, de tanto andar caminos, fue un ejemplo para mí, ayudándome a comprender el complejo mundo en que vivimos, recuerdo cuando uno de mis hijos partió desde éstas cálidas tierras, donde nada sabemos de mares y tempestades, hacia las heladas aguas del sur, embarcándose en un buque pesquero, le escribí a M. Ángel llena de dolor, entre otras cosas me respondió..”Tu hijo salió a cachetear a la vida, antes que la vida lo abofeteé a él”.
Palabras que quedaron atrapadas en mi memoria, fortaleciéndome por siempre, otra vez le conté de mis nietos, me contestó con un poema: “Quisiera tener un nieto”. Yo, lo llamaba Miguelito, le gustaba, decía que sabía a dulce, él, me llamaba princesa.
Un día, sonó el teléfono, era él, me dijo…”Ché, nena, mira la hora, dentro de media hora me avisas y corto”.Le contesté que no gastara tanto, a lo que replicó, “¿Gastar?... no te imaginas el placer que es para mi escuchar tu voz”.
Desde ese día, todos los domingos al mediodía llamaba puntualmente, yo levantaba el tubo exclamando ¡”Hola, miguelito”!, él respondía con su voz suave, casi ronca., “Hola Princesa”.
Entre una y otra palabra mezclaba el humor, yo reía, decía que mi risa estallaba como un cristal, escribió poemas para mí, diciendo que no era poeta, solo pintaba acuarelas con sus palabras, cierta vez, llegó a discutir con la vecina porqué barría las hojas del otoño, defendiendo mi teoría de dejarlas que el viento las lleve, hablamos de conocernos físicamente, ya que en alma y espíritu nos entendíamos, él no podía viajar por sus motivos, tampoco yo por los míos,, cierta vez me dijo..”¿Princesa, porqué no fuiste mi hija?...” con un nudo en la garganta respondí…”Pero, nos encontramos miguelito y es maravilloso”.
Así continúo nuestra amistad entre versos, cartas y conversaciones telefónicas, mensajes y poesías a través de la radio.
Un día, sonó el teléfono, era Amalia diciendo:”M. Ángel ya no puede leer ni escribir”.
Dibujé mi mano sobre papel vegetal, dentro de la palma repujando escribí.”Esta es mi mano, amigo”, la coloqué en un sobre y la despaché, pensé en que alguien le leería, seguí escribiendo, a veces pocas palabras, no importaba la cantidad, sólo que él supiera que estaba en mi corazón. Una noche, escuchando radio, me sorprendió Amalia, leía mis cartas dedicadas a Miguel Ángel, él, se lo había pedido, ella lo visitaba, católica, integrante de la pastoral de los enfermos, humana, llena de ternura, recuerdo una pregunta que Miguelito repetía en sus cartas. “¿De donde sacaran tanta ternura, las mujeres?”
Amalia volvió a llamar…”Miguel Ángel se muere, quiere conocerte, pide que te describa para imaginarte, te nombra a cada instante.”
Pasaron dos meses sin poder viajar, desesperaba pensado que partiría hacia el sueño eterno sin recibir mi visita. Al fin pude llegar hasta el geriátrico donde se encontraba, , me esperaban, el director nos acompañó hasta el patio, señaló la habitación, sentí que una garra helada estrujaba mi alma, parecía un galpón de trastos viejos, respiré profundo, sacudí la angustia que me embargo en ese momento y entré exclamando:¡Hola, Miguelito!, estaba en un sillón de ruedas, nos abrazamos un largo rato, le entregué un almohadón verde que había confeccionado para él, en el que pinté un tintero, una pluma y un pergamino con su nombre, se abrazó a él y lloró, mientras yo acariciaba sus hombros sacudidos por el llanto, cuando se calmó me pidió que lo acostara, exponiendo que se llevaba mejor con el dolor en la cama, con la ayuda de mi esposo, lo acostamos, coloqué el almohadón bajo su cabeza, Oscar se sentó en la silla junto a la mesita, él, le pidió abriese el cajón y retirará un obsequio para mí, era una tosca con forma de pensador, él, la llamó responso, la había levantado de la orilla de su amado río, cuando aún caminaba, la acepté como un tesoro que aún conservo. Me senté sobre el borde de la cama, tomé su mano izquierda entre las mías, tan blanca y suave de dedos largos y finos, me impresionaron al igual que el azul profundo de sus ojos, donde temí ahogarme, charlamos de temas variados entre gemidos de dolor recitando poesías, hasta que llegó la noche. Me despedí con un beso, él, susurró a mi oído.”Después de conocerte morir ya no importa”.
Catorce días después falleció. La misma emisora de radio que me permitió conocerlo, anunció su muerte. Fue un domingo al mediodía.-
Cristina Mix
Publicado en el año 2002 en la revista “Feria y fiesta” de Villanueva –Córdoba- España
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